Con la experiencia reunida por sus fundadores, se crea Viña Santa Marina, joven bodega asentada en una bonita finca a 8 km. de Mérida.
Rodeando a la bodega se plantó el viñedo, 58 ha. que en años venideros se completarán hasta 110 has. Una exhaustiva selección, primero, de variedades, pensado en el vino que queríamos en el mercado, así se eligió Tempranillo, Graciano, Syrah, Cabernet Sauvignon, algo de Merlot y algunas otras muy originales, en tintas y blancas, hasta ahora no plantadas en estas latitudes cuyos comportamientos se están estudiando y, en segundo lugar, sus patrones según las aptitudes de nuestro suelo y clima. Y en todo caso pensando en obtener vinos de calidad.
Viñedo y bodega arrancan a la sombra de una imponente mole granítica, la Sierra de Lamoneda, a cuyos pies ha crecido un denso bosque de encinas, alcornoques, acebuches, brezos, jaras,… que acompañan con sus balsámicos aromas a los vinos de la bodega.
La bodega se asemeja a un típico “cortijo extremeño”, buscando con ello integrar los edificios en el precioso paisaje que la rodea.

Recientes excavaciones han puesto de manifiesto la existencia de una villa romana con el descubrimiento de un lagar. Estos restos arqueológicos están protegidos por el Consorcio Ciudad Monumental Histórico Artística Arqueológica de la ciudad de Mérida